
Las graves y numerosas deficiencias que asolan esta instalación deportiva son muy difíciles de solucionar. El coste de su reparación sería tan alto como una instalación nueva y aun así no podríamos salvaguardar la integridad de nuestros hijos, debido a la proximidad de la autovía A52.
Todos los padres que se han acercado hasta Ribadavia para ver jugar a sus hijos, sean o no de la comarca del Ribeiro, han quedado asustados al contemplar su estado, no porque sea de tierra o barro, según las condiciones climatológicas previas al partido, sino por otros elementos ajenos a un partido de fútbol.
Es triste tener que ver a tus hijos rebozados por el barro o comer el polvo seco de la arena, pero el que más y el que menos ha jugado al fútbol en sus años mozos y lo ha sufrido en sus carnes. Pero si lo miras fríamente nadie ha jugado en un sitio parecido. Creo que en los campos de concentración, los patios tenían más espacio entre el rectángulo de juego y las alambradas. Es tercermundista tener que ver un partido de fútbol entre los agujeros de una alambrada, de pie, mojándote y mal diciendo tener que ir.
Pero lo curioso es que la situación en que se encuentran los padres es anecdótica comparándola con el riesgo que tienen sus hijos, sin saberlo.
En un campo de fútbol de tierra es normal ver piedras sueltas y dispersas por el terreno, algunas muy pequeñas y otras un poco más grandes que te pueden hacer una herida si tiene la mala suerte de caer encima de ellas. En el Xestal de tierra ese es el mal menor. Esas piedras también las tenemos, como no podía ser de otra forma, y otras que por su tamaño y fijación al suelo nos hace ser únicos. Como si de un sembrado de piedras se tratase se despliegan por todo el terreno de juego piedras que sobresalen de la tierra, con forma cortante y dureza granítica.
Pero eso con una buena capa de arena que tape nuestras miserias se arregla.
Seguro que tenemos más problemas con la obra de ingeniería que llevó a los postes que sustentan los focos dentro de la instalación, junto su caja de fusibles y a una distancia de escasamente un metro de la linea de banda. Parece increíble pero es cierto. Rodeado de un protector de goma espuma que alivie al jugador de los golpes se encuentran cuatro postes que digo yo podían haberlos situado fuera del recinto.
Todos somos conscientes de lo caro que está el metro cuadrado de terreno y lo difícil que está conseguirlo. En eso debieron pensar los que planificaron el campo cuando pusieron la valla tan cerca del campo, con su bodillito y todo para darle un poco más de suspense cada vez que algún niño cae cerca. Hay veces que el fútbol se hace aburrido. En Ribadavia eso no ocurre, siempre estamos en tensión por lo que pueda ocurrir.
Alguien podrá tachar de demagogia todo lo expuesto, pero antes de hacerlo pásese por el Xestal de tierra y podrá comprobar la realidad de lo escrito. No soy dado al detallismo en mi exposición por lo que verlo con sus propios ojos le hará comprender algunos aspectos de los sentimientos de las personas que trabajan diariamente con los chavales aquí.
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