sábado, 15 de mayo de 2010

Pedimos perdón, pero¿por qué?





Esta mañana durante el descanso del partido entre el Ribeiro y el Pabellón C de la Copa Diputación infantil unos padres del equipo visitante se quejaban amargamente del estado del campo y lo calificaban como un patatal. Es cierto que el campo no está en buenas condiciones pero teniendo en cuenta que es un campo de hierba natural, que juegan y entrenan dos o tres equipos y la cantidad de agua caída durante este año, el campo está bien.



Claro que nos gustaría que estuviera mejor, pero somos un equipo de una villa donde el deporte importa muy poco y las instalaciones son las peores de la provincia. Esos padres que lo calificaban no saben que estamos haciendo un gran esfuerzo para que los niños puedan jugar ahí, porque la alternativa es MUUUUUCHO peor.

El equipo infantil está jugando, si el tiempo se lo permite, toda la temporada en San Cristóbal cosa que otros equipos del club no lo hacen, porque si lo hicieran ya no sería un patatal sino otra cosa peor.
El resto de equipos del fútbol base juegan en el Xestal de tierra, la joya de la corona.
Un campo que, a lo anteriormente expuesto, podemos decir que esos padres que también quieren disfrutar viendo a sus hijos jugar y poder desahogarse durante la hora y media de dura el partido no lo podrían hacer, o por lo menos les costaría más.

¿Cómo se encontrarían viendo que a menos de metro y medio de la línea de banda se levanta un bordillo? o ¿qué un poste de la luz está aún más cerca? o ¿qué los chavales que esperan su turno para jugar al fútbol 7 en el banquillo no se pueden levantar de golpe en los días de aire por si se les cae encima?
Creo que el disfrute sería menor.
Y claro ahora llegarán voces de la capital de la provincia diciendo: ¡No hay derecho! ¡Que lo cierren! ¡que no dejen jugar ahí!
Por supuesto y nos cargamos una escuela de fútbol donde 300 niños de Ribadavia quieren soñar y realizar su deporte favorito. Porque, ¿en que campo jugarían?
No es la primera vez que desaparece una escuela de fútbol en Ribadavia y no pasa nada.
De todas formas me quedo con la solidaridad de esas personas, padres y madres como nosotros, que han mostrado su apoyo en nuestra lucha por conseguir un campo de hierba artificial. Es muy posible que dentro de poco tengamos que utilizarla, porque el camino es largo y tortuoso, pero la seguridad y felicidad de todos nuestros niños se lo merecen.



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